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RELATO: Volver a sonreír

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Llevaba muchos días llorando cuando escuché el timbre del ordenador. Corrí…, rodé, mejor dicho, hasta mi portátil y solté un grito de alegría al ver la señal verde que indicaba que me habían contactado. Hacía poco que había tomado la decisión de inscribirme en una página web para citas. Sólo por probar, me dije en ese momento. Pero debo admitir que, en cuanto empecé a hablar con ese hombre, se convirtió en mi pequeña adicción diaria. Todos los días me paraba delante del portátil, hablando con ese hombre que me había aceptado en esa web y nos contábamos la vida. Volvía a ser mi pequeño rincón de felicidad. De esa felicidad que me costaba recuperar tras el accidente. Se me paró el corazón cuando me pidió una foto. Y yo, temblorosa, le mandé una foto de hacía unos meses. Él me mandó otra en la que, admito, salía perfecto. Hasta con un perro. ¿Se podía tener mejor suerte? Sin embargo, llegó el gran día en que me pidió quedar en persona para conocernos. Propuso fecha y lugar de encuentro.…

RELATO: Unidos por el mal

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978 d.C. Imperio Germánico, Monte de Brocken;

Un grito monstruoso resonó en la noche. En lo alto del monte, se distinguía una ligera luz anaranjada. Una hoguera. Los dos jóvenes no se atrevían a salir de su escondite. Llevaban horas allí, deseosos de saber qué ocurría en esa noche. Era la noche del 30 de abril, la célebre Noche de Walpurgis, y los dos hermanos habían oído cientos de historias escalofriantes acerca de seres monstruosos y asesinos sobrehumanos que se reunían en ese monte dos noches al año; ésa especialmente y la del 31 de octubre, la víspera de la Noche de Todos los Santos. De pequeños siempre se iban a la cama de sus padres en cuanto llegaba esa noche. Después de escuchar los relatos, no querían ser despedazados por hombres con cabeza de animales o mujeres que se beberían su sangre si los encontraban. Pero ahora habían crecido. Casi habían alcanzado la edad adulta y querían averiguar si aquello era cierto. Y por el momento, parecía que así era. —Tal vez no sean más que cua…

RELATO: Familia Feliz

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“Quiero a mi madre. Y a mi padre. Adoro a mis padres. Siempre se preocupan por mí. Siempre me lo dan todo. Siempre me quieren como yo les quiero a ellos. Jamás hemos discutido. Somos una familia feliz. >>Adoro cuando me acompañan al colegio los dos, cogidos de la mano y me hacen cosquillas. Mis risas son lo único que importa en ese momento. Luego, cuando entro en clase, veo desde la ventana cómo me saludan. >>Adoro cuando comemos juntos. Siempre somos los tres los que hacemos la comida; mi madre cocina y mi padre y yo preparamos los ingredientes para ella. Luego los tres nos deleitamos con nuestra obra maestra. >>Adoro cuando me llevan a la cama. Cuando me cuentan un cuento antes de acostarme. Cuando me dan un beso de buenas noches y me ayudan a entrar en el más profundo y hermoso de los sueños. >>Quiero a mis padres. Somos una familia feliz” Un ruido de fuertes pisadas hizo volver a la niña a la realidad. Tembló y se ocultó todavía más bajo en mueble en el que se h…

RELATO: Captor

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Lleva tres semanas encerrada. Huelo su miedo. Su odio. Sus ansias de vivir.

Cuando la encontré zigzagueando por aquel viejo camino de tierra, ataviada con un vestido de fiesta medio descolocado y un solo zapato de tacón no pude evitar detener mi coche e invitarla a subir. Recuerdo sus risitas en el asiento del copiloto. No se mantenía en pie. Se durmió apoyada contra la ventanilla. Justo en ese momento, observando su piel tersa, sus labios rojizos y sus ojos pintados con una gruesa ralla negra. Aquel moratón violáceo en su cuello que denotaba que una boca ajena había estado ahí antes… Algo en mi mente se torció en ese momento. Unos pensamientos impuros aparecieron en mi mente. Soñaba en coger ese cuerpo menudo y moverlo a mi voluntad. Poner mi boca en ese cuello ya degustado e ir bajando hasta poseerla. Mi coche cambió de rumbo. En vez de conducir a esa chica a la ciudad, a la vaga dirección que me había dado, entré en un pueblecito con el que estaba familiarizado. Llegué hasta esa casa. La …

RELATO: Soy Max

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<<Ya casi está. Unos retoques más y estará listo>>. Estoy oyendo voces. Mis oídos funcionan. <<¿Sabrán quién es?>>. <<No si lo hacemos bien esta vez>>. Cuando abro los ojos, me fijo en el blanco reluciente de las paredes, en cómo brillan los distintos aparatos cableados que se apartan de mí para dejar paso a dos caras que se acercan lentamente, para comprobar mi estado. ̶ ¿Sabes quién eres? Sé quién soy, pero no sé quiénes son ellos. ̶ Me llamo Tara. Los dos hombres se miran el uno al otro. ̶ Me temo que eso ha cambiado… ̶ dice uno de ellos mientras me acerca un espejo. Lo que veo reflejado allí me deja sin aliento. El cráneo metálico da a entender que mi pelo sintético ha desaparecido, pero aquella cara… Todas mis facciones, ¿dónde están? Mis grandes ojos, las pestañas oscuras, los labios finos, aquella nariz tan popular entre las de mi clase… ya no están. Ahora, lo que más destaca es la frente ancha, los pómulos marcados y aquella perilla tan ma…

RELATO: Destino

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En un día cualquiera, en un lugar muy apartado de la sociedad y cuya existencia se desconoce, un funcionario ejercía su cargo en la Agencia del Destino, la cual estaba formada por unos cuantos departamentos, entre ellos el Destino del Nacimiento, el Destino del Trabajo o el Destino de las Relaciones. Entre los subdepartamentos de éste último (Relaciones de Amistad, de Familia y de Amor) el funcionario ocupaba un puesto en el departamento del Destino de las Relaciones de Amor. Según él mismo, su trabajo siempre había resultado sencillo; ocupaba una mesa sobre la que había dos montones de cartas separados.  Una mano robótica cogía una carta de un montón y del otro y las situaba frente a él. Entonces, su trabajo era adherirlas sobre un papel con unas directrices sobre las relaciones y la función que el Destino ejercía sobre ellas; pero el funcionario no solía leerlas, sino que directamente estampaba el sello oficial de la Agencia del Destino y enviaba el escrito con las cartas a una máqui…