miércoles, 16 de octubre de 2019

RELATO: El Gran Magicnanu


Un joven mago 🎩con muchos trucos por aprender 🃏Sin embargo, ¿qué pasaría si descubre que la magia realmente existe...🙌💫?


¿Cómo lo ha hecho?
Eso fue lo que pensó el joven mago Magicnanu cuando vio que su mago predilecto, aquel que había seguido de cerca todos esos años, sacaba de su chistera un teclado.
¿Cómo lo ha hecho?
Oyó un coro de aplausos y ovaciones, pero el mago seguía sacando una cantidad artilugios que bien podrían llenar una mesa.
Agarró con fuerza la baraja de cartas que siempre lo acompañaba, que tantos trucos había practicado con ella y tantas sonrisas había hecho aparecer en los rostros de su pequeño público.
Llevaba toda su vida asombrado por la magia.
Adoraba ver cómo el mago realizaba trucos que eran, a primera vista, lógicamente imposibles. Y le encantaba ver cómo un niño, al presenciar dichos trucos, podía pasar de estar triste a sonreír de oreja a oreja. Adoraba esa sensación de bienestar y felicidad que la magia provocaba a los demás. Por eso no dudó en practicar y practicar para poder ser como su mago favorito.
Sin embargo, él sabía que la magia que él realizaba estaba fuera de su alcance. Diversas veces había intentado encontrarle el truco a los espectáculos que él realizaba y eran físicamente imposibles de realizar. Más de una vez había intentado esconder un teclado debajo de su ropa para sacarlo por la chistera, pero… ¡no le salía!
Así que, ¿cómo lo hacía?
Cuando el espectáculo terminó, fue decidido a buscar al mago. Tuvo que hacer una larga cola para esperar su turno mientras el público lo felicitaba y se hacían fotos con él.
Veinte minutos más tarde se vio cara a cara con el hombre que idolatraba. Aquel cincuentón que llevaba por lo menos más de media vida alegrando la vida a la gente con sus trucos. Aquel hombre que, a diferencia de otros, no se lucraba con eso, ya que realizaba espectáculos de magia hasta en las calles para que fuera accesible para todos.
Sin duda era su héroe.
̶ Quiero que me enseñe a hacer lo que usted hace. Yo también quiero ser un mago como usted.
El hombre se quedó mirando al joven, a sus ojos ilusionados y le sonrió.
̶ ¿Sabes hacer magia?
El joven asintió y le enseñó la baraja.
El mago abrió mucho los ojos. Hizo un gesto a su público para decir que se iba y señaló al joven que lo acompañara detrás del escenario, donde podían tener más intimidad mientras los encargados del lugar despedían a la gente.
El mago se sentó en el suelo e invitó con la mano a que el joven le realizara sus trucos.
El chico se sintió levemente avergonzado, pues sabía que el hombre reconocería todos sus trucos de inmediato, pues los había aprendido de memoria. Sin embargo, se envalentonó por ver a su mago favorito ante él.
̶ ¡Sea bienvenido al espectáculo del gran Magicnanu!
Le realizó todo tipo de trucos con las cartas. Que si la carta desaparecía en su mano y aparecía dentro de su bolsillo, que si convertía la carta en una moneda. El mago disfrutó de todos y cada uno de los trucos como si no los hubiera visto nunca antes. Finalmente aplaudió.
̶ Joven, tú ya sabes hacer magia. ¿Qué es lo que quieres de mí, entonces?
El joven se sentó frente a él y le señaló.
̶ Quiero aprender a hacer los trucos que usted hace. ¿Cómo se saca el teclado de la chistera? ¿Y la bolsa de galletas? ¿Y qué me dice del perrito que tenía la pata rota, lo metió en su chistera y lo sacó curado?
El mago lo miró con dulzura.
̶ Eso no son trucos, joven. Eso es magia. Auténtica magia.
El joven lo miró sin entender. El mago cogió su chistera, metió la mano y de ella sacó una paloma. Una paloma que extendió las alas, levantó las patas… y se convirtió en un ser medio paloma, medio…¿persona? El chico abrió mucho los ojos, sin entender lo que estaba viendo.
̶ La magia existe, fluye dentro de nosotros. Y cuando queremos que la magia nos ayude, la llamamos. Yo la llamé y me entregó a esta criatura, que es la responsable de hacer fluir la magia que quiero que la gente presencie y disfrute.
El chico lo miró, aun sin entender. El mago volvió a esconder la paloma antropomórfica dentro de su chistera, cogió la baraja de cartas del joven y le dijo, rápidamente, los pasos que debía seguir para llamar a su magia. Era como hacerse un truco a sí mismo.
El joven cogió de nuevo su baraja y repitió todos los pasos que le había dicho el mago. De pronto… todo se oscureció…
Se vio flotando en el cielo, rodeado de estrellas. Esas estrellas empezaron a moverse, se acercaron unas a otras hasta juntarse y crear una silueta. “¡Un conejo!”, pensó al reconocerlo. La silueta animal tomó forma corpórea. Era un conejo blanco, pequeño, que fácilmente podría caber en la palma de su mano. De pronto, lo miró a sus ojos rojos y se vio a sí mismo, sobre un escenario haciendo la magia que nunca creyó posible.


̶ ¡El gran mago Magicnanu les va a enseñar su último gran truco de magia!
El aludido, un hombre sonriente y orgulloso de lo que había conseguido, empezó a girar sobre sí mismo rápidamente. Por cada vuelta que daba, se le veía vestido con una ropa diferente: esmoquin, camisa playera y bañador, incluso ¡falda escocesa!
Su público reía a carcajadas y aplaudía. No imaginaban que, dentro del sombrero de copa que vestía el mago, se escondía un pequeño conejo que vibraba con cada truco de magia que el hombre deseaba transmitir a su público, haciéndola realidad sin apenas esfuerzo.
Sin embargo, pese a que podía controlar y dominar la magia que él quería hacer, el verdadero truco de magia no era ese.
Sin duda, su mayor truco era hacer feliz a su público.
El espectáculo terminó y vio cómo un niño con una baraja de cartas se acercaba a él. Sonrió al reconocerse a sí mismo, años atrás, cuando oyó que dijo:
 ̶ Quiero que me enseñe a hacer lo que usted hace. Yo también quiero ser un mago como usted.


FIN

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